La actual crisis económica, la más profunda y, quizá, la de peores consecuencias, de nuestra historia democrática, ha puesto de manifiesto, entre otras cuestiones, la obsolescencia de un modelo productivo basado, no ya en el sector inmobiliario, sino, más exactamente, en la pura especulación inmobiliaria. La principal inyección de capital al sistema financiero ha tenido su origen, en los últimos años, en los enormes beneficios procedentes, no de la interacción de los sectores productivos, sino de las incalculables plusvalías originadas en operaciones urbanísticas, de mayor o menor envergadura, y realizadas en la práctica totalidad de los municipios españoles.
domingo 8 de noviembre de 2009
CRISIS DEMOCRÁTICA
lunes 2 de noviembre de 2009
SOBRE LA OPERACIÓN PRETORIA
Consternación, indignación, tristeza. Estas tres palabras definen el estado de ánimo de los últimos días. Desde que se conoció la noticia de la detención del Alcalde Muñoz y los demás imputados por el Juez Garzón, un cúmulo de sentimientos contradictorios ha dirigido mi mente.
Sobre la base de la presunción de inocencia de todos los imputados, base de nuestro derecho punitivo, del propio estado de derecho, las imágenes de los detenidos esposados, recogiendo sus enseres en bolsas de plástico a su llegada a la Audiencia Nacional me han parecido patéticas, innecesarias. Creo que se han vulnerado derechos fundamentales (dignidad…), y que, como se ha comentado en diversos medios, se ha dictado ya una primera y prejudicial sentencia condenatoria.
Hasta ahora, los casos de corrupción descubiertos aparecían lejanos; constaban de importes, procedimientos… Provocaban el enfado natural en quien aún confía en la Política; la incredulidad en quien, de manera directa o indirecta, participa en procesos públicos.
En este caso, sin embargo, hay algo más, mucho más. Las imágenes en televisión, los artículos en prensa escrita, los informativos en radio, muestran rostros perfectamente reconocibles, hablan de personas, dirigen el pensamiento a familiares, amigos, compañeros. Un sentimiento de tristeza inunda el ánimo. Sólo pensar que pueda ser cierto lo que se plantea….
El golpe es terrible. Un mazazo para todos los que depositaron su confianza, su afecto… y fueron engañados. Decepción. Enorme decepción, y tristeza.
Indignación de votantes, simpatizantes, de ciudadanos y ciudadanas que, precisamente en medio de una profunda crisis, no pueden entender el enriquecimiento ilícito de quienes se erigieron en administradores del bien común.
Esperemos, pues, el resultado del procedimiento judicial iniciado para determinar las responsabilidades de cada uno de los ahora imputados, y evitemos el juicio paralelo, inevitable me temo.